¿Eres cuidador de un familiar con alzheimer? Lee esto para saber si necesitas ayuda

Es primordial saber si somos o no cuidadores de alzhéimer con sobrecarga física y emocional. El diagnóstico de Alzheimer, repercute directamente en la familia. Se deberán reorganizar los roles para poder cuidar correctamente del familiar enfermo. Estos cambios generalmente originan estrés, conflictos familiares, importantes gastos económicos y sobre todo una extrema preocupación por lograr que la calidad de vida del enfermo no se va mermada en ningún momento, además de una obsesión interna por lograr un equilibrio entre la vida social y familiar.

Si tu eres el cuidador principal, puedes que rechaces la posibilidad de ayuda y te embarques en un camino de soledad, tristeza, frustración y desesperanza que irá aumentando progresivamente a medida que las fases de la enfermedad progresen sin piedad en el estado físico y mental de tu familiar enfermo.

Por tanto, es MUY IMPORTANTE y NECESARIO que liberes la carga y utilices todos los recursos que tienes a tu disposición para sobrellevar esta enfermedad de la forma más sana, para conseguir la mejor calidad de vida tanto para tu familiar enfermo de alzheimer como para ti.

Te propongo realizar este sencillo y rápido test llamado “Escala de sobrecarga de cuidador de Zarit“.  Esta escala consta de 22 preguntas con 5 posibles respuestas (nunca, rara vez, algunas veces, bastantes veces, casi siempre) que puntúa cada una de 1 a 5 por este orden.

La puntuación total oscila entre 22 a 110, estableciendo diferentes grados de sobrecarga en función de la puntuación final:

  • Ausencia de sobrecarga: <47
  • Sobrecarga ligera: 47-55
  • Sobrecarga intensa: > 55

POR FAVOR, NO CIERRES LOS OJOS A LOS RESULTADOS QUE OBTENGAS. Si los resultados son de sobrecarga, busca ayuda externa. Si ya no lo quieres hacer por ti, hazlo por tu familiar al que amas y cuidas. Hazlo por tu familia, por tus amigos, por tus hijos en caso de tenerlos. ¡HAZLO! Busca ayuda y cuídate.

Responde a estas preguntas y sabrás realmente cuál es tu grado de sobrecarga:

  1. ¿Siente que su familiar solicita más ayuda de la que realmente necesita?
  2. ¿Siente que debido al tiempo que dedica a su familiar ya no dispone de tiempo para Usted?
  3. ¿Se siente tenso cuando debe cuidar a su familiar y atender, además, otras responsabilidades?
  4. ¿Se siente avergonzado por la conducta de su familiar?
  5. ¿Cree que la situación actual afecta de manera negativa la relación con amigos y familiares?
  6. ¿Siente que su familiar depende de usted?
  7. ¿Se siente agotado cuando tiene que estar junto a su familiar?
  8. ¿Siente que su salud se ha resentido por cuidar a su familiar?
  9. ¿Siente no tiene la vida privada que debería por causa de su familiar?
  10. ¿Cree que sus relaciones sociales se han afectado por tener que cuidar de su familiar?
  11. ¿Se siente incómodo para invitar amigos a su casa a causa de su familiar?
  12. ¿Cree que su familiar espera que usted lo cuide como si fuese la única persona con la que puede contar?
  13. ¿Cree que no dispone del dinero suficiente para cuidar de su familiar además de sus otros gastos?
  14. ¿Siente que será incapaz de cuidar a su familiar por mucho tiempo más?
  15. ¿Siente que perdió el control de su vida desde que la enfermedad de su familiar se manifestó? 17¿Desearía poder encargar el cuidado de su familiar a otras personas?
  16. ¿Se siente inseguro acerca de lo que debe hacer por su familia?
  17. ¿Siente que debería hacer más de lo que hace por su familia?
  18. ¿Cree que podría cuidar a su familiar mejor de lo que lo hace?
  19. En general, ¿se siente muy sobrecargado por tener que cuidar de su familiar?

 

 

 

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La prueba del Cielo, un libro para leer

Ayer terminé de un libro que desde hacía meses tenía en mente leer. Se llama La prueba del cielo y ha sido escrito por el doctor Eben Alexander tras una experiencia cercana a la muerte.

Si has perdido hace poco a algún familiar o si estás en la etapa final de la dura enfermedad de alzheimer es un libro que te llenará EL ALMA. Sí, lo escribo con mayúsculas porque te llena de paz, de tranquilidad y de esperanza.

La prueba del cielo un libro que ha revolucionado el eterno conflicto entre ciencia y fe. Narra el viaje de un importante neurocirujano a la vida después de la muerte, una historia real que nos ayudará a comprender qué nos espera más allá de la vida (en este mundo).

Miles de personas en todo el mundo afirman haber tenido experiencias cercanas a la muerte y haber visitado el cielo. Hasta ahora, la ciencia siempre había estado ahí para cuestionarlas…

Este libro no te dejará indiferente y te cambiará la forma de ver la vida actual, además de poder tener la paz de que tus familiares o amigos fallecidos están viviendo una felicidad inimaginable para la mente humana.

«El 8 de noviembre de 2008 me desperté con un terrible dolor de cabeza que en apenas dos horas desembocó en un derrame cerebral. Caí en un coma profundo, y durante siete días permanecí en ese estado, durante el cual viví una experiencia increíble y fuera de este mundo. El lugar en el que estuve es un sitio maravilloso, reconfortante y lleno de amor. No tengo miedo a morir porque ahora sé que no es el final.»  

Doctor Eben Alexander

La lógica científica del doctor Alexander jamás había dado crédito a las experiencias cercanas a la muerte. Sin embargo, después de haber pasado por esto sabe que no son meras fantasías: Dios y el alma existen realmente, y la muerte no es el final de la existencia personal, sino una mera transición.

«La experiencia cercana a la muerte del doctor Eben Alexander es la más asombrosa que he oído en más de cuatro décadas de investigación. Él es la prueba viviente de que existe otra vida.»

Doctor Raymond A. Moody, autor de Vida después de la vida.

«La carrera del doctor Alexander en el campo de la neurociencia le ha enseñado que las experiencias cercanas a la muerte son ilusiones creadas por el cerebro pero, aun así, su experiencia personal lo dejó profundamente marcado.»

Bruce Greyson, doctor y coeditor de The Handbook of Near-Death Experiences.

Datos sacados de La Casa del Libro, desde aquí os recomendamos este libro. El doctor Eben Alexander ha ejercido como neurocirujano académico durante los últimos veinticinco años y su base científica es innegable… hasta que vivió su maravilloso viaje al cielo…

Y ahora os dejo un fragmento del libro, que como excuidadora me llenó de esperanza y de una inmensa paz interior al comprender muchas cosas que vivimos de igual forma con nuestro gran amor, LOLA. ¡Espero y deseo que a muchos de vosotros os ayude! Porque si nosotras lo vimos… ¿por qué no vosotros?

“Cuando le conté parte de la historia del periplo espiritual que había vivido durante mi coma, respondió con genuino asombro. No porque me creyese loco, sino porque finalmente le encontraba sentido a algo que lo desconcertaba desde hacía bastante tiempo. Me explicó que, un año antes, su padre se encontraba en las últimas fases de una enfermedad terminal que lo había aquejado durante cinco años. Estaba incapacitado y senil, sumido en un dolor permanente del que quería escapar muriendo. (…) Un día su padre se tornó más lúcido de lo que había estado en dos años e hizo una serie de observaciones sobre su vida y su familia. Entonces, su mirada se desplazó hacia el pie de su cama y parecía hablarle al aire. Al escucharlo, su hijo John se dio cuenta de que estaba hablando con su madre, que había fallecido cincuenta años antes, a los sesenta y cinco, cuando su padre era sólo un adolescente. (…) En aquel momento parecía estar manteniendo una alegre y animada conversación con ella. Mi amigo no podía verla, pero estaba absolutamente convencido de que su espíritu se encontraba allí para dar la bienvenida al de su padre. Al cabo de unos minutos así, su padre se volvió de nuevo hacia él, esta vez con una expresión totalmente distinta en la cara. Estaba sonriendo y parecía en paz, como nunca antes, que él recordara. —Vete a dormir, papá —se oyó decir—. Déjate ir, sin más. No pasa nada. Su padre lo hizo. Cerró los ojos y se fue desvaneciendo poco a poco con una expresión de completa serenidad en la mirada. Poco tiempo después fallecía. John tenía la sensación de que el encuentro entre su padre y su fallecida abuela había sido real, pero no sabía qué pensar de ello, porque como médico tenía la certeza de que tales cosas eran «imposibles». Muchos otros han presenciado esa asombrosa claridad mental que parece apoderarse de ancianos seniles justo antes de fallecer, tal como había visto John en su padre (un fenómeno conocido como «lucidez terminal»). Y no tiene explicación neurológica. Escuchar mi relato le dio la licencia que necesitaba para hacer algo que llevaba mucho tiempo anhelando: creer lo que había visto con sus propios ojos y aceptar la profunda y reconfortante verdad de que nuestro yo espiritual es más real que nada de lo que percibimos en este Reino físico y de que existe una conexión divina que nos une al infinito amor del Creador.

Carta a Lola #alzheimer

Carta escrita por dos nietas cuidoras pocos meses después de haber fallecido su abuela enferma como prueba de que la enfermedad no gana la batalla del  amor.
La palabra Alz empleada representa a la enfermedad de Alzheimer. Titi era como cariñosamente llamábamos a la Lola de este proyecto.

” Querida Lola,

Hoy salió el sol después de muchas jornadas con lluvia y frío. Aprovechando esa estupenda sensación de calma, salí temprano hacia el centro de la ciudad, tal como tu hacías cuando trabajabas… Por el camino, vi como nuestras margaritas volvían a florecer, esas que tanto nos gustaban ver en nuestros paseos diarios de primavera y verano. Hasta hace pocos meses, cuando te decía -Titi*, no seas vaga. Vamos a ver las margaritas y a escuchar a los pajaritos! , te invadía una energía que descolocaba por completo hasta al mismísimo Alz*.

Mi Lola, pequeñita… hoy hace seis meses que te fuiste. ¡Cómo pasa el tiempo! Cuánto te echamos de menos, angel mío.

A todos nos sigue dando paz y fuerza pensar en ti, solo así conseguimos tener la esperanza suficiente para luchar en este mundo que ahora nos toca vivir sin ti. No quiero hablar de ese malvado Alz* que te acompañó esos últimos años de vida, me niego a darle más protagonismo en esta carta, ya tuvo bastante en su momento, verdad mi amor?

Siempre pedías a Dios que te llevase antes de padecer alzhéimer, y nos enfadábamos contigo: – No digas eso, que me enfado! porque con nosotras nunca te va a pasar nada malo. Gracias que Dios nos hizo caso a nosotras y nos dejó cuidarte. Créeme que damos gracias por ello, por haberte tenido todo este tiempo para despedirnos y para demostrar al mundo entero el amor infinito que nos tuvimos y no tendremos por siempre. Lo mejor de cuidarte todos estos años es que nos hizo mejor personas y nos mostró la fuerza interior que no sabíamos que poseíamos (incluída tú, angelito); así que no te agobies cuando pienses en ello desde el cielo… Lo mejor de nosotras, tus niñas, afloró gracias a ti. Contigo vivimos los mejores momentos de risas y locuras entre nietas y abuela, nuestra segunda madre. Contigo todo era amor y sonrisas, un apoyo incondicional que rozaba la mútua adoración¡

2002-12-08 12.00.00-91

¡Qué grande eras! ¡Qué ganas de vivir irradiabas a quienes te querían! Te fuiste, demostrándole a Alz* que jamás podrá ganarte la batalla del amor, los últimos días fuiste capaz de llamarme por mi nombre, cuando hacía años que no eras capaz. Fuiste capaz de preguntar por tus hermanos fallecidos…cosa que nos dejó perplejas. Fuiste capaz de guiñarnos y abrirnos pícaramente tus verdes ojos cuando apenas tenías fuerza para levantarte tras meses de extrema seriedad. Te acordaste tu última semana de reír y quisiste decirnos tantas cosas que se te trababa la lengua…bueno, ya sabemos que era Alz* que ya empezaba a molestarse por tanto exceso, verdad? Siempre nos preguntamos qué era lo que nos querrías decir… Ahora, que el tiempo ha pasado, pensamos que quizás te estabas estabas despidiendo de todos. Te fuiste el día que quisiste irte, de eso no nos cabe la menor duda… tu ya sabes porque lo decimos, angelito, ya sabes que tu mamá te estaba esperando.

Bueno, pequeñita, que debíamos esta carta pública para un proyecto creado por ti: Lola Alzheimer. Sabemos que te sentirías orgullosa de que continuemos trabajando en desestigmatizar un poco más esta enfermedad. Hasta hoy no hemos sido capaces de hacerlo… sabes que aún todo está reciente y te echamos taaaaanto de menos! Oye, ¡cuídanos desde el cielo, dulce angelito! , cógenos de la mano para no tener miedo, porque a veces lo tenemos.

Y ahora, nuestro grito:

¡Una para todas, todas para una!

Tus niñas que te quieren.”

Esta carta fue escrita el 4 de marzo de 2015 por una de las cuidadoras de “Lola”, la persona que nos impulsó a hacer realidad este proyecto. Nuestro vínculo con ella era más que una madre, una abuela, una amiga, una hermana,… ella lo era todo para nosotras, y aún lo sigue siendo. Ahora es nuestro ángel.

10 Consejos para controlar las alucinaciones de la Demencia

Fuentehttp://thedementiaqueen.com/ (Entrada traducida al español)

Si usted está cuidando a alguien en su casa que está alucinando, por favor busque ayuda. Las alucinaciones y los delirios son más frecuentes durante la noche; y requieren un ajuste de estilo de vida para todos en la casa. No hay plazo de tiempo de cuánto va a durar, por lo que hace que sea necesario una buena planificación y búsqueda de ayuda adicional para sobrellevarlo.

Caso de Edith:

Edith vivió en un centro de asistencia. Ella tenía antecedentes de demencia leve, pero fue capaz de completar la mayoría de las tareas de puesta en marcha y asistencia ocasional. Un ataque de neumonía llevó a Edith en el hospital. Cuando fue dada de alta de nuevo y llevada al centro, físicamente ella mejoró rápidamente pero cognitivamente, experimentó una disminución constante y complicada.

Cada mañana, mientras se trabajaba en las tareas de cuidado personal en su habitación, le preguntábamos cómo pasaba la noche. Edith negaba con la cabeza y lloraba. Estaba agotada por falta de sueño. Era frecuente verla entre lágrimas y se angustiaba mucho más cada día.

Durante varias semanas, Edith había estado experimentando alucinaciones visuales y auditivas, junto con el pensamiento delirante. Todas las mañanas contaba con todo detalle que un hombre que estaba sentado frente a su ventana se burlaba de ella por la noche. El hombre era más joven que ella, unos veinticinco años; y él quería que ella le dejara entrar. Ella iba a la ventana y le rogaba que la dejara en paz. El le decía que constantemente la observaba por la ventana. Él me amenazó con decirle a los demás que él me había visto desnuda si yo no no lo dejó entrar…  Edith lloraba con desesperación.

No había comodidad durante el día. Edith todavía creía que él estaba allí, y cuando mirábamos por la ventana juntos, ella podría decirme dónde estaba escondido o que él había ido a trabajar por un tiempo. Sabía detalles elaborados sobre ese hombre y su vida, pero no nos podía explicar cómo sabía esos detalles.

Varios intentos fallidos:

Razonamiento y lógica no eran rival para las alucinaciones y los delirios de Edith. Explicaron a Edith que la presencia de ese hombre era muy poco probable, si no imposible, dadas las condiciones climáticas y la accesibilidad de su ventana. Edith podía estar de acuerdo en principio, pero no fue suficiente para anular su creencia de que era real.

El personal de centro trabajó duro para que Edith se sintiese segura. El hombre de mantenimiento instaló una barra en la ventana. Colgaron cortinas pesadas. Intentamos dejar las luces encendidas por la noche, música o televisión para que no sintiese su voz.

Dejaron que Edith mantuviese su bastón en su cama como protección. Le dieron una linterna. Se aseguraron de que la luz de llamada estaba cerca de ella cuando estaba “metida en la cama.” Pero cualquier estrategia que pusieron en marcha era impotente contra la voz que amenazaba con decirle a todos que ella era “sucia”, “promiscua” y “fea” . Ni se atrevía a llamar a nadie en busca de ayuda. Trataron de asegurarle que nadie creería que esas cosas eran ciertas. Le rogaron que tratara de descansar un par de horas de sueño, porque le haría mucho bien.

El médico de Edith recetó una serie de medicamentos para tratar de frenar sus alucinaciones. Ella era muy sensible a cualquier cambio en la medicación, y fue incapaz de tolerar los psicotrópicos, antidepresivos o pastillas para dormir. Edith fue finalmente diagnosticada con demencia de cuerpos de Lewy. Los medicamentos ayudan a algunas personas a experimentar menos alucinaciones y delirios causados ​​por algunas formas de demencia. Sin embargo, la intolerancia a la medicación común en la demencia de cuerpos de Lewy presenta desafíos adicionales para Edith. Su leve confusión se desplomó en un mundo de realidades falsas y creencias perturbadoras.

Las alucinaciones parecía ser el más grande de todos los males de Edith. Sus cuidadores se propusieron traerla de nuevo en “el mundo real”.

Algo diferente:

Vamos a dar un paso atrás. Echemos un vistazo a cerebro y los comportamientos de Edith y veremos lo que están tratando de decirnos: el cerebro de Edith está ocupado. No tiene un interruptor de apagado. Su cuerpo no descansa durante largos períodos de tiempo. Ella pasa por lo menos el 50% de su vida dedicado a otra realidad.  Puede sonar encantador en nuestro mundo bien regulado, pero el mundo de Edith es algo caótico y perturbador. Lo último que su cerebro quiere es estar quieto.

Lo mejor que podemos hacer con alguien como Edith es ofrecer actividades para mantener la mente atareada en la realidad, y esperar que ella acabe participando en estas actividades, a veces poco convencionales para el día.

  1. Mantener a salvo . Alguien como Edith está en riesgo de deambular o de fuga. Él o ella por lo general está tratando de ir a alguna parte o alejarse de alguien. Cerrar el acceso a las salidas y escaleras.
  2. Validar  Razonamiento y orientación de la realidad son altamente ineficaces y pueden conducir a una mayor ansiedad. Enfoques de validación de las direcciones de la emoción, no del mensaje. Alguien que alucina necesita entender si la visión le da miedo, tristeza, o preocupación. No se tiene que “ver también”, pero sí es necesario estar de acuerdo con el contenido emocional.
  3. Motricidad gruesa.  Usted notará que las personas que están alucinando no sólo se sientan a ver la acción, sino que además están en movimiento. Ellos están trabajando en un problema o en arreglar una situación. Hay una actividad motora gruesa. Para los cuidadores, esto significa que el cerebro y el cuerpo están buscando el movimiento motor grueso. Distraerlos con una actividad que requiere de la participación de la motricidad gruesa: jugar con un balón, salir a caminar, colocar notas post-it en la pared y que el/ella encontruentre algo, bailar …
  4. Toque.   Muchas personas, especialmente las personas mayores, son touch privados. Un toque firme en las “zonas seguras” puede ser tranquilizador. Estas áreas son la gran cantidad partes-media de la espalda, brazo, muslo inferior. Tocar las manos y la cara donde hay una gran cantidad de terminaciones nerviosas puede ser percibido como un contacto íntimo, así que evite esos toques suaves bien intencionadas. Las mascotas son una de las mejores maneras de proporcionar consuelo para alguien que está ansioso. Aprovechando el instinto de nutrir, así como la necesidad de contacto, y un perro o un gato pueden hacer maravillas para reducir la ansiedad de pensamiento delirante.
  5. Llamar a alguien.   Muchas veces una simple llamada telefónica a “alguien” le ayuda pone el tema para descansar un rato y a sentirse validado y seguro.
  6. La oxitocina.   La oxitocina también se conoce como la hormona de confianza. Es un químico que se libera en el cerebro que ayuda a los humanos vínculo entre sí. La presión profunda y el primer masaje el cuerpo libere oxitocina, y que evoca un sentido de confianza ayuda a liberarlo. (Para más información, leer : La oxitocina, la hormona del bienestar)
  7. Tareas. “El que busca descanso encuentra aburrimiento. El que busca trabajo encuentra descanso“-. Dylan Thomas.   Canalizar el tiempo ocupado en tiempo productivo.
  8. La estimulación vestibular.   Cuando el cerebro no puede procesar los estímulos en el medio ambiente, a veces es debido a que el sistema vestibular está fallando. Haga que la persona realice cambios vinculados en su posición del cuerpo: acostarse y sentarse, ponerse de pie y sentarse, girar a la derecha y girar izquierda.  Escuchar música y el baile son grandes maneras de conseguir estos cambios posicionales. (Leer, ¿Qué es ña estimulación vesticular?)
  9.  Partir el pan.   Sentarse a comer en compañía de otros infunde un sentido de pertenencia y seguridad. Cuando alguien está alucinando por la noche, puede ser un reto para alterar la convención con una comida de medianoche. Pero por el bien de la flexión a la realidad de otra persona, el acto de partir el pan en las comidas no estándar es una estrategia eficaz para la creación de un sentido de normalidad y bienestar.
  10. Las manos en…   Lo que no se puede trabajar a través de la mente a veces es mejor dejar a las manos. ¿Cuántos de nosotros limpiamos cuando estamos enfadados? Desarrollar una actividad con las manos puede ser una gran distracción para el cerebro.

Una advertencia: los psicoanalistas freudianos tienen la oportunidad de aprender más sobre ese misterioso hombre que había debajo de su ventana. No tengamos la tentación de vincular firmemente “él” a una parte de su pasado o alguna carga emocional no resuelta. Edith no tiene la capacidad cognitiva para racionalizar a través de un análisis de subconsciente profundo y las conclusiones a las que se pueden llegar podrían ser equivocadas. El hombre bajo la ventana de Edith no representa un villano de su pasado o en un sentido más profundo, su propia inseguridad. Es una creación de su cerebro que pueden o no ser un fragmento de su historia personal. Puede haber otros profesionales que no estén de acuerdo con este consejo de precaución, pero los especialistas que la han tratado consideran que es más fácil mantener la dignidad de Edith si se ve esta condición como el resultado de un proceso de la enfermedad en su cerebro. No es necesario sacar conclusiones innecesarias basadas en hechos delirantes.

Alz nos hace sentir miedo

Todos me piden que dé saltos, 

que tonifique y que futbole, 

que corra, que nade y que vuele. 

Muy bien.

Todos me aconsejan reposo, 

todos me destinan doctores,

mirándome de cierta manera. 

Qué pasa?

Todos me aconsejan que viaje, 

que entre y que salga, que no viaje, 

que me muera y que no me muera. 

No importa.

Todos ven las dificultades  de mis vísceras sorprendidas

 por radioterribles retratos. 

No estoy de acuerdo.

(…)

Hace unas semanas se nubló nuestro “estabilizado” horizonte, sentimos Miedo, un sentimiento terrorífico que pasó por nuestro interior como una bomba de relojería que nos hizo actuar con una obligada necesidad de improvisación y fuerza física y psíquica. Horas de urgencias, horas de miedo…y aunque sabemos que estas cosas en los enfermos de alzhéimer no son nuevas, esta vez el susto fue doble debido a una fuerte calcificación en la rodilla de nuestra Lola.

Si el hecho en sí, de haber padecido una trombosis leve motivada por la edad, no fuera suficiente, venirse al suelo con su pobre rodilla dañada, le causó una inmovilidad durante varios días que jamás había tenido…

Siempre la hemos hecho andar, aunque el alzheimer siga su rumbo, jamás ha dejado de andar… quizás sus años de footing y abdominales superados los 60 años, que nos dejaban a todos con la boca abierta, le han ayudado a poder caminar sin problemas aún teniendo la enfermedad de Alzheimer y ya no saber por qué camina! Como si de una obligación propia de sus tiempos de escuela se tratase, Lola sabe que tiene que caminar todos los días para superarse a sí misma! Y así lo hace.

Una vez en casa, poco a poco recuperó su estado “natural”…empezándose a mover, a temer dar sus pasitos poco firmes, a reír, a llorar,  a estar más atenta a nuestros ejercicios, a pasar por completo de nuestras indicaciones, a comer con naturalidad, a tenerla que ayudar de vez en cuando… en fin, volvía a ser ella junto con Alz, que ya se ha hecho con el poder de nuevo en la familia…

alzheimer

(…) Todos pican mi poesía 

con invencibles tenedores buscando,

sin duda, una mosca. 

Tengo miedo.

Tengo miedo de todo el mundo, 

del agua fría, de la muerte.  

Soy como todos los mortales, 

inaplazable.

Por eso en estos cortos días no voy a tomarlos en cuenta, 

voy a abrirme y voy a encerrarme con mi más pérfido enemigo.

Miedo, poesía de Pablo Neruda.

Todo se ha estabilizado, pero esta vez con más miedo en ella; y de rebote, en también en nosotros…

Pero tras el miedo, llegó la rabia… (próxima entrada en el blog: ¡No sin mi silla!)